Devuelve la sal de mis lágrimas sin ningún pudor. Mitiga su bravura ese mar compasivo que lacera mi horizonte. Nuestras manos se unen en un instante mágico. Dedos de agua recorren mis mejillas en una breve caricia. Cierro los ojos y siento su aliento húmedo en mi boca y el sonido de su voz calma mi alma. Me dejo arropar por su frío abrazo y solo siento voz, agua y llanto.

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