Sendero robado al monte por miles de pies horadado ceñido por álamos ajenos a un paisaje cambiado. Cielo de hojas vestidas de un sol mañanero con velo de azul turquesa. Aún no ha sido mancillado el silencio de la naturaleza. Puede que solo ocasionalmente interrumpido por el canto de un ruiseñor o el murmullo cantarín del agua. Pronto recorrerán el camino los pies de los peregrinos; más no ahora. Es temprano.

La canción del viento suena en los oídos aún dormidos por rumor de la ciudad. Los ojos miran sin ver la danza mágica de los colores del campo. Y la nariz aspira la fragancia de múltiples  olores ausentes. Caminas de la mano del viento, de perlas de luz danzarinas que se enredan en los ojos, en el pelo, en la piel, de murmullos furtivos de animales ocultos… mientras te sientes guiado por el  gorjeo fortuito de algún pajarillo travieso o por las motas de polvo que caen en cascadas sobre tu aliento… Paz, sosiego en la libertad de un camino que invita a la mente a fantasear con pasos que anduvieron ese mismo trecho; en la quimera de la vida que es sueño; en el instante atrapado en el silencio o en un recuerdo efímero de un pasado incierto… 

Roto queda el silencio mientras los dedos juegan en el arroyo del aljibe mecidos por la corriente. Voces se unen al concierto recordando que la vida hostiga, que humano soy y el camino sigue….

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