La Sierra se vacía. Se vuelve árida y fría. Suda el calor en agua derretida que se funde en abrazo intenso en el lecho seco de arroyos abandonados. Suda la Sierra y abandona su gélido aliento. Deja vacía de blancura las altas cumbres y riega con sus efluvios los márgenes del camino.

Suda o llora. Llora o suda. Gotas de agua se desprenden de su alma. La Sierra se vacía. Se derrama prendida en rayos de fuego de amante inquieto.  Sol que acrecienta su pasión en una cálida primavera y la desnuda poco a poco, lentamente arrancando gemidos ardientes de agua cristalina.

Sierra, sol y tierra. Sedientos todos de besos y caricias lascivas que apaguen su sed. Y la Sierra generosa se derrama. Por que las gotas de su sudor o las lágrimas de sus ojos generan vida, esperanza, futuro. Un futuro efímero como las gotas de rocío. Pero ella generosa cubrirá su desnudez de verde creciente. Por poco tiempo. Se quedará mustia, seca derrochada toda su pasión por un amante fugaz y candente.

No importa. Siempre volverá a ella. Un año más. Aunque poco a poco será más egoísta. La querrá despojada de su blanca vestimenta durante un instante más duradero. La Sierra se vacía por fuera. Por dentro…siempre será plena.

 

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