Andan en Guadix las aguas políticas  revueltas con presupuestos sí, presupuestos no, presupuestos para cuándo y siempre sorprende Manuel Ortiz. Cuando habla lo hace con un discurso coherente, firme, con una convicción que nace de su interior porque sus ideales, sus creencias políticas no son una impostura sino una realidad que vive, siente y ama. Un político hecho a sí mismo; un trabajador incansable que sabe el esfuerzo que cuesta salir adelante porque así lo ha vivido en carnes propias y… no es fácil de convencer. Escucha, mira, remira, estudia y si las cuentas no le cuadran…no es fácil de convencer. Sabe lo que quiere y cuál es su modelo de ciudad. El proyecto de ciudad en el que trabaja con su equipo no es una mera ilusión, es una  posibilidad que tiene su imagen: la pequeña pedanía de Hernán Valle con su alcaldesa, María Ortega. La implicación de la ciudadanía en la gestión del pueblo, trabajar hombro con hombro con escasos o nulos recursos pero consiguiendo grandes logros, el clima de camaradería reinante…es el resultado de un trabajo conjunto e ilusionante. Es una forma de hacer ciudad con/por/ para la ciudadanía. Manuel nunca se ha ido pero vuelve con más ganas aún si cabe.

 

Habla dejando que la ilusión arrase en su discurso, que brote la convicción más convincente, vocalizando palabras que no lo son porque cada palabra es un ideal, un proyecto, una meta. Muestra una fortaleza difícil de doblegar, una fortaleza que no se dejará abatir si la convicción de mejorar Guadix, su ciudad, no está presente en las propuestas, en las conversaciones, en…las cuentas.

 

A día de hoy no sabemos si apoyará o no esos presupuestos que no son imprescindibles, según él, para hacer ciudad. Prefiere quedar como el malo de la película si sus convicciones quedan en entredicho. Fuerza, entereza y voluntad no le faltan…como el primer día. Sorprendente Manuel Ortiz.

Por Encarni Pérez.

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