La cuestión de confianza es una acción del equipo de gobierno para sacar adelante los presupuestos ante el fracaso negociador para aprobarlos de forma ordinaria, sabiendo además que el Partido Popular no dispone de los votos necesarios para presentar una moción de censura.

El miércoles por la tarde se producía en Guadix un hecho histórico: por primera vez en la historia de la ciudad un alcalde/alcaldesa se sometía en pleno a una cuestión de confianza, en este caso ligada a la aprobación de los presupuestos de 2018. Y la cuestión de confianza no prosperó con los votos en contra del Partido Popular, los dos concejales no adscritos, la abstención de IU y los votos a favor de PSOE y Gana Guadix. Es decir, la alcaldesa no cuenta con la confianza del pleno. Tan solo consiguió siete votos favorables de diecisiete corporativos. Una situación, que debería hacer reflexionar a la alcaldesa de Guadix, Inmaculada Olea, sobre su futuro al frente del Ayuntamiento, es decir, por una cuestión de dignidad política, e incluso me atrevería a decir personal, debería presentar su DIMISIÓN.

Pero es que además, la propia alcaldesa decidió voluntariamente someterse a la cuestión de confianza, cuando podía haber seguido negociando la aprobación de los presupuestos y funcionar mientras con los prorrogados, ya que todas las fuerzas políticas le aseguraron que en los proyectos importantes iban a votar a favor de las modificaciones presupuestarias que se plantearan. Pero ella quiso hacer las cosas por las bravas, someterse a una cuestión de confianza y si no prosperaba, esperar un mes para que se presenten posibles alternativas de gobierno, y si no apareciesen, los presupuestos quedarían automáticamente aprobados. Y aquí radica la trampa. El Partido Popular no puede presentar una moción de censura, porque para llevarla a cabo necesitaría once votos favorables, por lo que debería de apoyarla Gana Guadix (actual socio de gobierno del PSOE) e Izquierda Unida (algo que jamás hará). Por lo tanto el equipo de gobierno lo va a tratar como un acto simbólico al cual no le va a dar mayor importancia, contando con la complicidad de Gana Guadix e Izquierda Unida.

El pleno comenzó con un discurso de la alcaldesa en tono conciliador donde vendió la “bondades” de su gestión durante estos tres años. Un balance falto de contenido donde ofreció muchas buenas intenciones pero ningún resultado concreto.

Los turnos de la oposición comenzaron con la concejala no adscrita Rosi Requena, que criticó duramente la ineficacia del equipo de gobierno y su incapacidad para crear sinergia de trabajo en su propio grupo y justificó su abandono del mismo por no compartir las líneas de actuación que estaban llevando a cabo. Fue la primera en pedir la dimisión de la alcaldesa. Pero la alcaldesa no dimitió.

Manuel Poyatos explicó los motivos que le llevaron a votar en contra de los presupuestos  y fue analizando la ineficaz gestión que ha llevado a este bloqueo institucional, responsabilizando al equipo de gobierno de la actual situación. Manuel Poyatos también pidió la dimisión de la alcaldesa. Pero la alcaldesa no dimitió.

Izquierda Unida, mediante su portavoz Manuel Ortiz, volvió a ponerse de perfil y anunció que se abstendría en la votación argumentando que  fueron los votos de los ciudadanos los que decidieron darle la alcaldía a Inmaculada Olea. Eso sí, criticó el continuo discurso victimista del equipo de gobierno. Naturalmente, la alcaldesa no dimitió.

Eduardo Jiménez de Gana Guadix, se comportó como lo que le tocaba, miembro ya del equipo de gobierno, por lo que el aspecto crítico destacó por su ausencia. Sí recalcó que no hubiese más autocrítica por parte del equipo de gobierno. Naturalmente, la alcaldesa no dimitió.

El Partido Popular, a través de su portavoz Jesús Lorente, desgranó  numerosas proyectos incumplidos y deficiencias de esta ciudad, e informó de la pésima gestión que están llevando a cabo los socialistas. Con respecto al presupuesto ofreció al equipo de gobierno una propuesta, que rebajarán el incremento en los ingresos de dudoso cobro y entonces podrían sentarse a negociar el presupuesto. Fue una intervención firme y pidió la dimisión de la alcaldesa si no prosperaba la cuestión de confianza. Pero la alcaldesa no dimitió.

El portavoz del equipo de gobierno, Manuel Gómez Vidal, demostró ser un político de altura, lamentablemente no por su gestión al frente del Ayuntamiento, más bien nefasta, sino por los vicios de la nueva política, la oratoria fácil donde, sin decir absolutamente nada, desvió la atención del tema que allí se trataba, que no era otro que si el pleno confiaba o no en la alcaldesa de Guadix. Sus dos discursos podrían ser material de estudio de como victimizar a su grupo político y no asumir ninguna responsabilidad. Eso sí, el alegato final en favor de la alcaldesa de Guadix pareció más centrado en alabar sus virtudes personales que sus logros profesionales. Naturalmente, la alcaldesa no dimitió.

Cerró el debate la alcaldesa, con un discurso mucho más agresivo, quitándose la responsabilidad del fracaso que iba a sufrir esa noche trasladándosela especialmente al Partido Popular. Afeó los votos en contra de los concejales no adscritos y tuvo palabras de elogio para su grupo, Gana Guadix e Izquierda Unida. Y finalizó sin una pizca de autocrítica por el fracaso de esa noche.

Fue una noche en la que nos convertimos en el hazmerreir de la provincia, donde el equipo de gobierno demuestra que el pleno, máximo órgano de representación de los ciudadanos les importa muy poco, porque si no fuese así ya me dirán ustedes como sigue al frente del mismo una persona que no cuenta por mayoría con su confianza, y donde se demostró una vez más que el irresistible encanto del poder puede más que la dignidad.

Naturalmente, la alcaldesa no dimitió.

Por ANTONIO PÉREZ, EDITOR DE OLEGUADIX

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