Ayer entrevisté a José María Espinar. Entrevisté a un mago. No. No me hizo magia en directo ni sacó un conejo de la chistera. No le hizo falta. Es mago en una doble vertiente: La magia, su magia viaja con él. Su magia son las palabras. Aquellas que escribe, que siente, que describen. Palabras que han construido una historia sacada de lo que hay debajo de la chistera: una mente que ha ido atesorando desde pequeño la visión de un Wadi-as que transcendía a lo real, a lo histórico. Un Wadi-as poblado de seres humanos, de personajes que ensalzan las fuerzas del bien encarnadas en la imperfección de Don Alejandro contra las fuerzas del mal, el cruel, enigmático y cautivador Yahaya, verdadero protagonista de la historia. Pero el autor aún extiende más su mágica pluma describiendo paisajes, rutas, senderos y lugares tales que al lector (si es conocer de la Comarca accitana) no le queda más remedio que perderse en la insinuante evocación de esos lugares, buscando su ubicación, o su realidad o, simplemente imaginándola. Eso es magia. Escrita. Pero magia a fin y al cabo. Con la lectura de El secreto de Wadi-as se puede vivir de nuevo con otros ojos ese escenario ahora rememorando personajes, luchas e historia. Sí. José María Espinar lo ha conseguido. Wadi-as vuelve a ser actualidad en lances y amores de caballeros y doncellas; en el honor y la amistad; en el rencor y la venganza; en la vida y en la muerte. El Guadix actual se vuelve Wadi-as a través de la lectura de esas palabras que conforman su novela.

 

Y es mago José María Espinar por el mismo. Por algo que es difícil de lograr. Sin artificios ni dobleces: su entusiasmo contagioso, por la habilidad de transmitir positividad, por la capacidad de convertir las ensoñaciones de aquel niño que veraneaba en la Comarca accitana en una historia que engancha al lector. Su energía arrolladora, la química con que conquista al oyente está muy presente en la química con que engancha al lector. Ha sido, es un mago por convertir en realidad sus sueños. Aquellas batallas y lances que su imaginación veía con los ojos de la mente. Volcán en las minas de Alquife incluido.

Por Encarni Pérez.

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