Por Encarni Pérez, directora de Wadi-as Actualidad y Cultura

Los que me conocen saben que no me gustan las redes sociales. Entiendo el valor social que tienen pero también que pueden ser el vertedero en el que se cuelgan miserias, insultos y bulos malintencionados. Ese aspecto me lleva a participar solo en casos puntuales y en temas de carácter cultural. No siempre, algunas veces.

Sin embargo en esta ocasión no puedo mantener la boca cerrada ni el teclado quieto. La libertad de expresión de la ciudanía debe ser siempre respetada por la instituciones que como es lógico sí deben dar explicaciones ante tal o cual hecho y deben hacerlo dirigido a la totalidad de los ciudadanos/as. No deben nunca olvidar nuestros gobernantes que están a nuestro servicio; que los elegimos para que trabajen por nosotros. El cargo no les ha llegado por mandato divino sino humano: el de aquellos que les votamos. Es bastante dado entre nuestros gobernantes locales olvidar este hecho. Y todos/as, oposición y equipo de gobierno están ahí para realizar un trabajo. El que les hemos asignado. Representarnos. Son cargos electos y como tal se deben de comportar. Luego están los cargos de confianza. No elegidos por la ciudadanía sino por el político/a de turno. Y ellos deberían aplicarse a las competencias que les asigne el político/a a que estén adscritos. Evidentemente ante un hecho, suceso o crítica estos cargos de confianza no tienen la autoridad legítima del pueblo para dar explicaciones, responder a críticas o atacar comentarios de ciudadanos, que ante un ejercicio de libertad de expresión quieran mostrar sus felicitaciones o críticas al poder imperante. Zapatero a tus zapatos.

Cualquier ciudadano/a puede mostrar su opinión equivocada o no. Pueden tener un cargo, dirigir una empresa, un medio de comunicación o ser una persona de a pie que ante un hecho que le indigna muestra esa indignación desde el derecho a la libertad de expresión que todo ciudadano/a le ampara la ley. Un cargo público no. No es que no tenga ese derecho a expresarse libremente. Faltaría más. Pero su derecho se reduce en el momento en que decide presentarse a unas elecciones. Esa decisión implica que puede sacrificar su vida privada, su tiempo libre, su tranquilidad, y hasta su salud. Pero es decisión privada, única y personal. Sin embargo, cualquier opinión que salga de su boca o de su bolígrafo sabe que tendrá una repercusión general porque persona y cargo público es difícil de separar. Y a la vez sabe que no puede, no debe dar respuestas a personas individuales sino al colectivo de la sociedad a la que representa. Por supuesto, las persecuciones, limitaciones de la libertad individual o colectiva queda descartado (¿o no?).

Pero parece ser que nuestros políticos locales del equipo de gobierno tienen la piel muy fina. Y no. Deben saber encajar con estoicismo tanto las felicitaciones como las críticas. Ante las felicitaciones deben sentirse satisfechos sabiendo que lo están haciendo bien y que la ciudadanía los respalda. Ante las críticas y más si son reiteradas, generalizadas o colectivas deben agachar con HUMILDAD la cabeza y encajarlas sabiendo que tienen que redoblar esfuerzos, trabajar muchísimo más o mejor porque son síntoma del descontento ciudadano. No es que les tengan manía o un plan perverso del enemigo opositor para hacerlos caer o minar sus proyectos. Esa misma HUMILDAD debiera llevarles a una profunda autocrítica para ver qué, quien o donde se falla. No perseguir a través de cargos de confianza al mensajero que se atreve a hacer la crítica.

Al igual que se engalanan para acudir a cualquier evento, lo mismo deben de arremangarse ante una situación crítica que afecte a la ciudad como por ejemplo una tromba de agua inesperada. Arremangarse sí. Y acudir en tropel TODO el equipo de gobierno a interesarse por lo ocurrido, por daños, desperfectos y desesperación de la ciudadanía. No esperar que sea el grupo opositor que se persone y sea llamado para paliar, aunque sea con palabras de consuelo, la situación. No hay un Guadix de primera y prioritario y un Guadix de segunda y a la cola. No.

Ya deberían tener la piel curtida. Son casi cuatro años de gobierno y cuatro más en la oposición. La piel fina y delicada se deja en casa. Cuando se ostenta el gobierno de una ciudad hay que estar a las duras y a las maduras: TODOS/TODAS. Sean o no de su competencia el hecho, asunto o cuestión cuando afecta al conjunto de la ciudadanía. Y las redes sociales son solo un síntoma más del descontento. Déjense de respuestas individuales y hagan algo positivo: TRABAJAR sino más si MEJOR, AUTOCRíTICA Y, SOBRE TODO, HUMILDAD. HUMILDAD, CERCANÍA, RECORRER LAS CALLES HASTA CANSARSE, HABLAR Y RECIBIR A LOS VECINOS…como se hacía en tiempo de campaña electoral. ¿Qué ha cambiado? ¿El poder cambia?

Y pensará el equipo de gobierno ¿Te habrás quedado agusto? Pues NO. Porque estas líneas no recogen la amarga tristeza que me embarga, la indignación que corroe mis entrañas pero sobre todo la profunda, desesperante, afligida decepción que inunda mi alma. Porque hace ya casi ocho años compartí lista electoral con algunas de las personas que componen este equipo de gobierno. Porque si en aquel momento la ciudadanía hubiese decidido confiar podría haber sido un cargo de confianza. Y para mí es tremendamente duro ver el estado de mi ciudad, la indolencia de aquellos compañero/as y, el no saber cuál es el sitio que debe ocupar un cargo de confianza siempre en segundo plano porque sería el político al cargo quien daría la cara…

Sin embargo, mi corazón de izquierdas encuentra consuelo en personas que sí hacen gala de humildad, cercanía y atención a la ciudadanía y la esperanza siempre puesta en que nuestra Comarca florezca con el brillo que siempre ha tenido: el de un territorio pionero en la lucha diaria por sobrevivir pese a las adversidades.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

13 − cuatro =