¡¡Me encanta la gente!! Me gusta hablar con las personas, escuchar, reír, compartir…Disfruto cada segundo que paseo por los recovecos más intrincados de mi Guadix. Las primeras enseñanzas quedaron grabadas en la memoria allá por mi niñez: respetar a las personas y siempre saludar, se conozca o no. ¡Ay, mis queridas maestras de uno de los mejores colegios: Padre Poveda en las cuevas!! Allá estaba y allí sigue con esa labor inconmensurable de enseñar.

Ahora que ya casi voy peinando canas nunca olvido esa enseñanza cívica de mis primeros años y enfundada en mi abrigo de respeto hacia los demás, con la sonrisa como tarjeta de presentación voy recorriendo la ciudad. Nací en una cueva de la Fuente Maese Pedro (Dios, que terror le tenía a la boca abierta de la fuente), me eduque en el colegio de las cuevas por el que pasaron mi madre, mis tías, mi hermana y mi hermano (¡Siempre orgullosa de pertenecer a ese entorno arcilloso y libre!), estudié en el Instituto Padre Poveda, pasé a la Escuela Universitaria “Escacium” también en Guadix y…beca salario de entonces para abrir las puertas a la Universidad… Sí becaria como muchas de las personas con las que compartí estudios. Nacer, estudiar, trabajar en mi ciudad. Siempre Guadix. Y sus gentes.

Paseando por sus rincones, aquellos a los que los turistas no saben acceder, me viene a la memoria ese anuncio publicitario tan repetido: “no me enseñen más postales si no saben a…” Y es que es verdad, la esencia de Guadix no se puede apresar en una imagen, en un video o en una estampa. Lo maravilloso de ella es sentirla, verla en su más insignificante detalle, sentirla en la piel como la leve brisa que la acaricia, vivirla a través de su pasado, su presente, pero sobre todo a través de sus gentes.

¡Buenas tardes! ¡Hola! ¡Niña, ¿Cómo estás?! (Sí, casi peinando canas y aun me llaman niña. ¿Cómo no voy a emocionarme?) Y así pasito a pasito recorrer Guadix es un verdadero placer. Llevo tan honda su esencia que me duele inmensamente cuando se le trata como moneda de cambio por un mísero sillón o un atisbo de permanencia en el poder.

Porque recorrer cada ángulo de su anatomía conlleva un riesgo: no solo se aprecia su belleza, la inmensa grandeza de su gente sino también las “miserias”, la necesidades a las que se enfrentan diariamente aquellas personas que más lo necesitan, los desgarros de un sin gobierno, la dejadez, la inmensa dejadez… Y me duele. Mucho, muchísimo porque soy hija de cueva que ha vivido la libertad de la arcilla, la voz del viento en la cara subida a un cerro, la vida que crecía a raudales en cualquier rincón de la ciudad, la canción cacofónica de voces y sonidos de existencia…Y ahora…¡desolación, silencio, tristeza y apatía!

Por Encarni Pérez. Directora de Wadi-as Actualidad y Cultura

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

veinte − diez =